Jaime Sabines, gran maestro.

Hay un modo de que me hagas completamente feliz, amor mío: muérete. (J.S.)

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ESPERO CURARME DE TI en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "que calor hace", "dame agua", "¿sabes conducir?", "se te hizo de noche"...Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón. (J.S.)


Vídeo con la voz de Jaime.

Masocas no, tontos de remate...

"Llega un momento en la vida en el que no podemos recuperarnos de otra ruptura, aunque esa persona nos fastidie el 60% del tiempo, no podemos vivir sin ella. Aunque se despierte todos los días estornudandonos en la cara. Bueno... nos gustan más sus estornudos que los besos de otra persona..."


Ni yo misma lo podría haber dicho mejor...


Pedro, te he robado la actualización, pero no me he podido resistir!

:)

El psicoanálisis sobrevive 70 años.


Cuando acaban de cumplirse 70 años de la muerte de Sigmund Freud y a pocos meses del centenario de la fundación de la Asociación Psicoanalítica Internacional, la pregunta sigue en el aire: ¿El psicoanálisis está moribundo o tiene buena salud? Si nos centrásemos sólo en el entorno académico, llegaríamos a la conclusión de que su fin está próximo. Según Jesús Sanz, vicedecano de estudios de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, “está en declive en la mayoría de los países, aunque aún goza de un nivel alto en naciones como Francia o Argentina”. En España, los planes de estudio no lo incluyen como asignatura y se les explica a los alumnos de forma muy somera. Sanz apunta la razón: “El ámbito científico se ha decantado por los tratamientos respaldados por datos empíricos de eficacia, como el enfoque cognitivo-conductual y otros”.

El representante académico aclara que, “posiblemente, hay terapias psicoanalíticas que podrían ser eficaces, pero carecen de pruebas”. Históricamente, los seguidores de Freud “han sido muy reticentes a validar sus protocolos de actuación”, asegura. No obstante, “hay una parte minoritaria, sobre todo en Estados Unidos, que trata de demostrar la utilidad de sus procedimientos”, añade.

Dado que las universidades han ido decantándose por la terapia cognitivo-conductual, cabe pensar que ésta es la que predomina entre los psicólogos. Y así es, pero con un importante matiz. Si el psicoanálisis sigue haciendo mella en la conciencia popular, este imán también parece atraer a muchos licenciados.
Enfoque dominante

En España hay 51.133 psicólogos colegiados. Una encuesta publicada en 2002 en la revista Papeles del Psicólogo, editada por el Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos, revelaba que el 49% de los profesionales prefiere la orientación predilecta del entorno académico. Pero las cifras de partidarios de la otra opción no eran despreciables: más del 9% se adscribía a las psicologías de inspiración psicoanalítica y cerca del 4% a la línea más ortodoxa dentro de esta terapia. Si se extrapolan los datos al conjunto de quienes ejercen esta profesión, hay nada menos que más de 6.800 herederos de Freud.

El número de adeptos podría ser incluso más alto, a tenor de los datos recogidos en el Directorio de Centros, Consultas y Servicios de Psicología del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, que actualmente cuenta con 1.752 personas inscritas. El 59% de ellas tiene una orientación cognitivo-conductual y el 28% sigue la corriente denominada psicodinámica, que es una forma evolucionada de psicoanálisis. Trasladar este porcentaje al conjunto del país tal vez sea excesivo pero, por otro lado, hay que tener en cuenta a un colectivo que también está capacitado para practicar el psicoanálisis: los médicos —y, en particular, los psiquiatras—.

De hecho, tal y como apunta Milagros Cid, presidenta de la Asociación Psicoanalítica de Madrid, “inicialmente, en algunas sociedades, como la americana, solamente podían ser psicoanalistas los psiquiatras”. Teóricamente, hoy en día basta con tener una titulación superior pero, “con la legislación vigente, se está restringiendo cada vez más, puesto que se pueden presentar problemas legales”, expone la psicoterapeuta.

La entidad que encabeza Cid pertenece a la Asociación Psicoanalítica Internacional, que representa la línea más ortodoxa dentro de estas terapias. Sus miembros siguen practicando lo que se conoce como cura tipo, que generalmente se realiza con un diván y consta de tres o cuatro sesiones semanales de 45 minutos a lo largo de varios años.
Libre asociación

Además, quienes la llevan a cabo deben haber recibido una formación muy exhaustiva y eminentemente práctica con la supervisión de psicoanalistas acreditados.

Durante la consulta, el profesional emplea, según expone Cid, la técnica de la libre asociación: “La persona habla libremente de lo que vaya surgiendo en su mente y el analista, con esos elementos y con sus conocimientos teóricos, puede ir haciendo un rastreo de lo que serían los procesos inconscientes del sujeto”. De este modo, se observa “cómo se ha construido ese individuo, con sus experiencias afectivas, sus huellas, sus recuerdos y las fallas en esa estructura”.

La presidenta de la asociación madrileña indica que, aunque se mantienen los fundamentos de Freud, “ha habido muchos autores que han aportado nuevos elementos y corrientes que han hecho hincapié en unos aspectos u otros”. Sin embargo, en esa evolución se han caído algunos de los cimientos de la teoría del médico vienés. La psiquiatra María Teresa Miró, profesora titular de la Universidad de Barcelona y miembro de la Sociedad Española de Psicoanálisis, señala que, con los años, “se ha ido matizando mucho el sesgo sexual de Freud”. Así, por ejemplo, ya no se habla la teoría falocéntrica o del complejo de castración de la mujer. Por otro lado, la experta niega que existan clichés para explicar cada personalidad. “No es cierto que nos dediquemos a interpretar el significado de soñar con mariposas; cada persona es diferente y los tratamientos son personalizados”, afirma.
Terapia dinámica

Miró forma parte de un grupo de expertos de distintas corrientes psicológicas que presentó hace unos meses un documento en el que se diseñan las bases de la futura cartera de servicios de psicoterapia del Servicio Catalán de Salud. Si la Generalitat da luz verde al texto, ciertas variantes del psicoanálisis podrían entrar por la puerta grande en la sanidad pública.

La psiquiatra recalca que la presencia de métodos basados en corrientes freudianas ya es un hecho en muchos centros de salud mental. La cuestión es que, de momento, sólo pueden beneficiarse quienes caigan por casualidad en manos de un psicoanalista que trabaje para el sistema público. Miró y otros especialistas aspiran a que, en un futuro no muy lejano, el propio paciente (o su médico) pueda elegir el enfoque psicoterapéutico más adecuado para su caso concreto.

Fernando Chacón, presidente del Colegio de Psicólogos de Madrid, resume la adscripción de los terapeutas: “Hay muchas terapias, pero en primer lugar se sitúa la de tipo cognitivo-conductual; a continuación, las de carácter psicodinámico, que es un psicoanálisis más heterodoxo. Finalmente, hay otro grupo, con menor presencia que los anteriores pero también muy importante, en el que se sitúan la psicología humanista y Gestalt, que van muy unidas”. strong>¿Cuál es la mejor opción?

El psicoanálisis se basa en la introspección, el pasado de cada persona y la búsqueda de las causas del sufrimiento. La corriente cognitivo-conductual se centra más en el presente y trata de reconocer y corregir las creencias y comportamientos que alteran la salud mental. En un principio actuaba sólo sobre la conducta, que se mantiene porque existen elementos que la refuerzan. Sin embargo, en palabras de Chacón, “a partir de los años 70 se vio que ese planteamiento era limitado y era preciso tener en cuenta los factores cognitivos, es decir, como se percibe una situación”.

Carmen Vázquez, presidenta de la Asociación Española de Terapia Gestalt (con 700 socios), reclama un lugar para esta opción. “Nos interesa el aquí y el ahora. No nos preocupan los síntomas, sino quién es la persona. A diferencia del psicoanálisis, tenemos una relación igualitaria con el paciente”, explica. El terapeuta no pretende corregir directamente el problema, sino ayudar a que el sujeto se encuentre consigo mismo y afloje los hábitos o automatismos que le causan malestar. “Los terapeutas buenos que conozco se definen como bastante eclécticos”, concluye Chacón.
Fuente de inspiración y refugio de famosos

Carla Bruni, el diseñador Karl Lagerfeld y el cineasta Claude Chabrol son tres de las celebridades que cuentan su experiencia en el documental dirigido por el psicoanalista Gérard Miller que está a punto de estrenar la cadena de televisión France 3. La primera dama francesa ha confesado que se entregó a esta terapia “en cuerpo y alma” tras la muerte de su padre y que lleva ocho años analizándose.

Otra de las cantantes que ha reconocido que se tumba en el diván es Shakira, quien ha llegado a afirmar que algunas de sus canciones se inspiran en la corriente fundada por Freud. Las letras de Bimba Bosé también contienen trazas de esta disciplina que algunos consideran una ciencia y otros opinan que es arte en estado puro.

Con tanto famoso afiliado al psicoanálisis, no han faltado las voces críticas que lo han calificado como hobby de yupies. Esta consideración se apoya, entre otras cosas, en que no todo el mundo puede permitirse acudir a una consulta de este tipo. El precio de cada sesión puede oscilar entre 40 y 80 euros. Si se multiplica por tres o cuatro a la semana a lo largo de una década o más, la suma resultante no está al alcance de todos los bolsillos. No obstante, las asociaciones psicoanalíticas ofrecen precios reducidos a personas con bajos recursos económicos.

Aún hay otro tipo de adictos al psicoanálisis: los creadores que han encontrado en él una fuente de inspiración inagotable. Woody Allen y sus neuróticos personajes constituyen un buen ejemplo. Alfred Hitchcock también explotó este filón. En su película Recuerda, Gregory Peck sufre una fobia asociada a recuerdos reprimidos y en Marnie la ladrona, Tippi Hedren no logra controlar su cleptomanía hasta que descubre la causa en su pasado.

En España también ha habido artistas geniales ligados al psicoanálisis. Ahí está el surrealismo en la obra de Salvador Dalí y su particular manera de acceder al inconsciente. Las películas de Luis Buñuel también se asoman a la mente humana de una forma muy freudiana. Por ejemplo, en Él ofrece su visión de la paranoia. El director aragonés también se atrevió con el análisis de los sueños en Los olvidados.


(Artículo extraído.)

28/08/2009



Lo primero que percibió fue el olor a amizcle y azufre que flotaba por la habitación. Poco después, cuando pudo respirar mejor intentó abrir los ojos, le fue imposible, un dolor le corroía las pupilas, se desvaneció. Al cabo de unas tres horas, volvió a tomar conciencia de sí mismo, otra vez ese olor irrespirable. Volvió a intentar abrir los ojos, esta vez tampoco pudo, pero al menos ya no se desmayó. Se sentía débil, desconcertado y no sabía dónde estaba. Intentó recordar qué le había sucedido hasta el momento pero sólo recordaba estar subiendo las escaleras en dirección a su casa. Mas tarde descubriría que de eso hacía ya tres días y que nada volvería a ser como antes. Allí donde se hallaba reinaba el silencio, intentó aguzar sus cinco sentidos a ver si percibía algún sonido lejano o algo que le indicara dónde estaba. Nada. Estaba acostado sobre algo duro, sentía su cuerpo rígido, no podía moverse, sabía que no estaba atado pero no podía mover ni un mísero músculo de su cuerpo, aquello le frustraba más que cualquier otra cosa, el no poder tener dominio de sí mismo, se juró que alguien pagaría por ello. Esperó, siguió esperando, pero nada, ni nadie, hacía tanto que no comía que ya ni tenía hambre, intentó vomitar, pero su cuerpo no hizo más que estremecerse y devolverle un dolor intenso que le encogió el alma. Sentía que su cuerpo estaba echando mano de las reservas de su piel, tendría para un poco más de vida, pensó, recordando la última vez que había visto a su mujer, antes de ir al trabajo, no comas tanto, le dijo, o te vas a tener que buscar a otra para follar, tan agradable como siempre, la quería. Sin saber como había llegado a esa situación, optó por pasar el tiempo recordando acontecimientos de su vida, malos y buenos, el caso era pasar el rato. Se acordó de sus compañeros de trabajo, no lo echarían de menos, a nos er que alguien necesitara algo, su familia, su madre se pondría histérica si no la llamaba por la noche, sus amigos, no estaba seguro de como reaccionarían, su mujer le llamaría al teléfono si tardaba en volver, para echarle la bronca por ello y, más tarde, por tener una excusa para recoinciliarse. Lo último en quien pensó fue en su tortuga, ella sí le echaría de menos, seguro. Depués volvió a desmayarse, mejor así, se dijo un instante antes
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By: Ana Pérez Marcos

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Nada mas entrar, el acongojamiento del espacio la golpeó en la cara cual mazo imbatible, le costó reponerse y respirar con normalidad, el aire estaba viciado, la habitación casi en penumbra y las ventanas, que no eran pocas, habían sido cubiertas con lo que parecía papel de aluminio por una razón que ella desconocía por completo, aquello la inquietó. Fue entrando poco a poco en la estancia, despacio, dándole tiempo a su cuerpo para que se acostumbrara a la luz, al ambiente, por lo que pudiera pasar allí dentro. De repente lo vió, estaba sentado sobre una butaca, raída por el tiempo, en el rincón más alejado de la puerta, casi camuflado entre el polvo y los libros, pero sin duda, aquello era un cuerpo humano, era él, quién si no?. Se acercó más despacio aun, apretando con fuerza su Sig Sauer nueva, la cual acababa de desenfundar, aquello no le gustaba... Tenía la butaca a 1 metro de distancia cuando se paró en seco, sus músculos se tensaron y un sudor frio le recorrió el cuello, haciendo que le entrara un escalofrío, odiaba esa sensación. Echó un vistazo general a la habitación, todo controlado pensó. Se guardó la pistola y, extendiendo el brazo izquierdo, giró la butaca. Un grito desgarrador salió huyendo por su boca cuando vió lo que allí se encontraba, se maldijo por ello, era un signo de flaqueza que no le gustaba mostrar, un cuerpo, en plena descomposición, yacía sentado, con lo que parecía una tatuadora en la mano derecha y una pipa de fumar en la otra, la aguja de la tatuadora aún seguía clavada en el último punto escrito... sí, escrito. Al parecer, preso del pánico a perder su obra, el pobre hombre se autotatuó su último libro, entero, por todo su cuerpo, hasta la ultima grafía, pensando que así nadie podría destruirla jamás, o, que quizá, le acompañaría siempre cual secreto inconfesable. Su obra fue transcrita al papel, hablaba del miedo, de la desconfianza y de la soledad, murió solo, como vivió, unicamente en compañía de sus palabras y del humo que las envolvía. Nadie supo nunca quien fue, pero sus obras traspasaron fronteras. Ella guardó con desvelo los volúmenes originales, al fin y al cabo, ya se lo había prometido.


By: Ana Pérez Marcos